| [1]Jesús subió a una barca, cruzó a la otra orilla y llegó a su ciudad.[2]Le trajeron un paralítico tendido en una camilla. Al ver Jesús la fe que tenían, dijo al paralítico: --- ¡Ánimo, hijo! Tus pecados te son perdonados.[3]Entonces algunos letrados pensaron: Éste blasfema.[4]Jesús, conociendo sus pensamientos, dijo: ---¿Por qué pensáis mal?[5]¿Qué es más fácil? ¿Decir: se te perdonan tus pecados; o decir: levántate y camina?[6]Pues, para que sepáis que este Hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados, dirigiéndose al paralítico, le dijo: Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.[7]Él se levantó y se fue a su casa.[8]La multitud al verlo quedó atemorizada y daba gloria a Dios por haber dado tal autoridad a los hombres. |