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Sabiduría(Sab) 19 capítulos.1| 2| 3| 4| 5| 6| 7| 8| 9| 10| 11| 12| 13| 14| 15| 16| 17| 18| 19|
Sabiduría, capítulo 16
[1]Por eso recibieron el castigo merecido torturados por una plaga de alimañas semejantes.[2]Frente a ese castigo, a tu pueblo lo favoreciste, y, para satisfacer su apetito, les proporcionaste codornices, manjar desusado;[3]así, mientras los otros, hambrientos, perdían el apetito natural, asqueados por los bichos que les habías enviado, después de pasar un poco de necesidad, éstos se repartían un manjar desusado.[4]Pues era justo que a los opresores les sobreviniera una necesidad sin salida, y a éstos se les mostrara sólo cómo eran torturados sus enemigos.[5]Pues cuando les sobrevino la terrible furia de las fieras y morían mordidos por serpientes tortuosas, tu ira no duró hasta el final;[6]para que escarmentaran, se les asustó un poco, pero tenían un emblema de salud como recuerdo del mandato de tu ley;[7]en efecto, el que se volvía hacia él sanaba no en virtud de lo que veía, sino gracias a ti, Salvador de todos.[8]Así convenciste a nuestros enemigos de que eres tú quien libra de todo mal;[9]a ellos los mataron a picaduras alacranes y moscas, sin que hubiera remedio para sus vidas, porque tenían merecido este castigo;[10]a tus hijos, en cambio, ni los dientes de culebras venenosas los pudieron, pues acudió a sanarlos tu misericordia.[11]Los aguijonazos les recordaban tus oráculos --y enseguida sanaban-- para que no cayeran en profundo olvido y se quedaran sin experimentar tu acción benéfica.[12]Porque no los sanó hierba ni emplasto, sino tu palabra, Señor, que lo sana todo.[13]Porque tú tienes poder sobre la vida y la muerte, llevas a las puertas del infierno y haces regresar;[14]el hombre, en cambio, aunque con su maldad dé muerte, no devuelve el aliento exhalado ni libera el alma ya prisionera.[15]Imposible escapar de tu mano;[16]a los impíos que no querían conocerte los azotaste con tu brazo vigoroso: los perseguían lluvias insólitas y pedriscos y tormentas implacables, y el fuego los devoró;[17]y lo más sorprendente: en el agua, que todo lo apaga, ardía más el fuego, pues el cosmos es para bien de los justos;[18]unas veces se amansaba la llama, para no quemar a los animales enviados contra los impíos, para que, viéndolos, comprendieran que el juicio de Dios los perseguía;[19]pero otras veces, aun en medio del agua, la llama ardía con más fuerza que el fuego, para destruir la cosecha de una tierra malvada.[20]A tu pueblo, por el contrario, lo alimentaste con manjar de ángeles, proporcionándole gratuitamente, desde el cielo, pan a punto, de mil sabores, a gusto de todos;[21]este sustento tuyo demostraba a tus hijos tu dulzura, pues servía al deseo de quien lo tomaba y se convertía en lo que uno quería.[22]Nieve y hielo aguantaban el fuego sin derretirse, para que se supiera que el fuego --ardiendo en medio de la granizada y centelleando bajo el aguacero-- aniquilaba los frutos de los enemigos;[23]pero él mismo, en otra ocasión, para que los justos se alimentaran, se olvidó de su propia virtud.[24]Porque la creación, sirviéndote a ti, su Creador, se tensa para castigar a los malvados y se distiende para beneficiar a los que confían en ti.[25]Por eso también entonces, tomando todas las formas, estaba al servicio de tu generosidad, que da alimento a todos, a voluntad de los necesitados,[26]para que aprendieran tus hijos queridos, Señor, que no alimenta al hombre la variedad de frutos, sino que es tu palabra quien mantiene a los que creen en ti.[27]Pues lo que el fuego no devoró se derritió simplemente calentado por un fugaz rayo de sol,[28]para que se supiera que es preciso madrugar más que el sol para darte gracias, y rezar al clarear el alba;[29]pues la esperanza de los ingratos se derretirá como escarcha invernal y se escurrirá como agua sin provecho.
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