| [1]Después dimos la vuelta y fuimos al desierto en dirección al Mar Rojo, como me había mandado el Señor, y pasamos mucho tiempo dando vueltas por la serranía de Seír.[2]Hasta que el Señor me dijo:[3]Basta de dar vueltas por esta serranía, dirigíos al Norte.[4]Pero advierte al pueblo: Vais a cruzar la frontera de Seír, donde habitan vuestros hermanos, los descendientes de Esaú; aunque ellos os tienen miedo,[5]mucho cuidado con enzarzaros con ellos, pues no pienso daros ni un pie de su territorio. La sierra de Seír se la he entregado a Esaú.[6]La comida que comáis, se la pagaréis, el agua que bebáis se la compraréis.[7]Pues el Señor, tu Dios, te ha bendecido en todas tus empresas, os ha atendido en el viaje por ese inmenso desierto; durante los últimos cuarenta años el Señor, tu Dios, ha estado contigo y no te ha faltado nada.[8]Así, pues, cruzamos junto a nuestros hermanos, los descendientes de Esaú, que habitaban en Seír, seguimos por el camino de la estepa que arranca de Eilat y Esión Gueber, y torciendo cruzamos hacia el desierto de Moab.[9]El Señor me dijo: No provoques a los moabitas ni te enzarces en combate con ellos; no te daré posesiones en su territorio, pues di Ar en posesión a los descendientes de Lot.[10]Antiguamente habitaban allí los emitas, pueblo grande, numeroso y corpulento, como los anaquitas.[11]Comúnmente se los creía refaítas, como a los anaquitas, pero los moabitas los llamaban emitas.[12]En Seír habitaban antiguamente los hurritas, pero los descendientes de Esaú los desalojaron y aniquilaron, instalándose en su lugar, lo mismo que hizo Israel con el territorio de su propiedad que les dio el Señor.[13]¡Ahora a cruzar el torrente Zared! Y cruzamos el torrente Zared.[14]Desde Cades Barne hasta cruzar el torrente Zared anduvimos caminando treinta y ocho años, hasta que desapareció del campamento toda aquella generación de guerreros, como les había jurado el Señor:[15]La mano del Señor pesó sobre ellos hasta que los hizo desaparecer del campamento.[16]Y cuando por fin murieron los últimos guerreros del pueblo,[17]el Señor me dijo:[18]Hoy vas a cruzar la frontera de Moab por Ar.[19]Cuando establezcas contacto con los amonitas, no los provoques ni te enzarces con ellos, porque no pienso darte posesiones en territorio amonita, pues se lo di en posesión a los descendientes de Lot.[20]También esta región se consideraba de refaítas, pues antiguamente la habitaban refaítas, si bien los amonitas los llamaban sansumitas.[21]Eran un pueblo grande, numeroso y corpulento, como los anaquitas. El Señor los aniquiló y los amonitas los desalojaron y se instalaron en su lugar.[22]Lo mismo sucedió con los habitantes de Seír, descendientes de Esaú; el Señor aniquiló a los hurritas, y ellos los desalojaron y se instalaron en su lugar, y allí viven hoy.[23]En cuanto a los heveos que habitaban las aldeas de Gaza, los aniquilaron los cretenses venidos de Creta y se instalaron en su lugar.[24]Ahora, poneos en camino para cruzar el río Arnón. Te entrego a Sijón, el rey amorreo de Jesbón, y su territorio. Atácale y empieza la conquista.[25]Hoy comienzo a sembrar pánico y terror por todos los pueblos bajo el cielo; al oír tu fama, temblarán y se estremecerán ante ti.[26]Desde el desierto de levante despaché mensajeros a Sijón, rey de Jesbón, con propuestas de paz:[27]Déjame cruzar por tu territorio. Iré camino adelante, sin desviarme a derecha ni a izquierda.[28]Te pagaremos la comida que nos des y el agua que bebamos; déjanos cruzar a pie,[29]como han hecho los descendientes de Esaú, que habitan en Seír, y los moabitas, que habitan en Ar, hasta que crucemos el Jordán para entrar en la tierra que nos va a dar el Señor, nuestro Dios.[30]Pero Sijón, rey de Jesbón, no quiso dejarnos pasar; el Señor lo puso reacio y terco para entregarlo en tu poder. Hoy es un hecho.[31]El Señor me dijo: Mira, comienzo por entregarte Sijón y su territorio; comienza la conquista de su territorio.[32]Sijón nos salió al encuentro con todas sus tropas en Yahsá.[33]Y como el Señor, nuestro Dios, nos lo entregó, lo derrotamos a él, a sus hijos y a todo el ejército.[34]Entonces conquistamos sus ciudades y consagramos al exterminio a los vecinos, con mujeres y niños, sin dejar a nadie con vida.[35]Sólo nos reservamos como botín el ganado y los despojos de las ciudades conquistadas.[36]Desde Aroer, a orillas del Arnón --la ciudad que da sobre el río--, hasta Galaad no hubo villa que se nos resistiera. Todo nos lo fue entregando a nuestro paso el Señor, nuestro Dios.[37]Sólo evitaste el territorio amonita, la cuenca del Yaboc y los pueblos de la montaña, como te había mandado el Señor, nuestro Dios. |