| [1]Cuando salgas a combatir contra tus enemigos, y veas caballos, carros y tropas más numerosas que las tuyas, no los temas, porque está contigo el Señor, tu Dios, que te hizo subir de Egipto.[2]Cuando vayas a entablar combate, se adelantará el sacerdote para arengar a la tropa,[3]y les dirá: Escucha, Israel, vosotros presentáis hoy batalla al enemigo; no os acobardéis, no temáis, no os turbéis, no os aterroricéis ante ellos,[4]porque el Señor, vuestro Dios, avanza a vuestro lado, luchando a favor vuestro contra vuestros enemigos para daros la victoria.[5]Después hablarán los alguaciles a la tropa y dirán: Quien haya edificado una casa y no la haya estrenado, que se retire y vuelva a su casa, no vaya a morir en combate y la estrene otro.[6]Quien haya plantado una viña y no la haya vendimiado todavía, que se retire y vuelva a casa, no vaya a morir en combate y la vendimie otro.[7]Quien esté prometido a una mujer y no se haya casado todavía, que se retire y vuelva a casa, no vaya a morir en combate y otro se case con ella.[8]Los alguaciles añadirán a la tropa: Quien tenga miedo y se acobarde, que se retire y vuelva a casa, no vaya a contagiar su cobardía a sus hermanos.[9]Cuando los alguaciles hayan terminado de arengar a la tropa, se nombrarán jefes al mando de la tropa.[10]Cuando te acerques a atacar una ciudad, primero proponle la paz.[11]Si ella te responde: paz, y te abre las puertas, todos sus habitantes te servirán en trabajos forzados;[12]pero si no acepta tu propuesta de paz, sino que mantiene las hostilidades, le pondrás sitio,[13]y cuando el Señor la entregue en tu poder, pasarás a cuchillo a todos sus varones.[14]Las mujeres, los niños, el ganado y demás bienes de la ciudad los tomarás como botín, y comerás el botín de los enemigos que te entregue el Señor, tu Dios.[15]Lo mismo harás con todas las ciudades remotas que no pertenecen a los pueblos de aquí.[16]Pero en las ciudades de estos pueblos cuya tierra te entrega el Señor, tu Dios, en heredad no dejarás un alma viviente:[17]dedicarás al exterminio a hititas, amorreos, cananeos, fereceos, heveos y jebuseos, como te mandó el Señor,[18]para que no os enseñen a cometer las abominaciones que ellos cometen con sus dioses y no pequéis contra el Señor, vuestro Dios.[19]Si tienes que sitiar largo tiempo una ciudad antes de tomarla al asalto, no destruyas su arbolado a hachazos, porque podrás comer de sus frutos; no los tales, porque los árboles no son hombres para que los trates como a los sitiados.[20]Pero si te consta que un árbol no es frutal, lo puedes destruir y talar, para construir con él obras de asedio contra la ciudad que te hace la guerra, hasta que caiga. |