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Deuteronomio(Dt) 34 capítulos.1| 2| 3| 4| 5| 6| 7| 8| 9| 10| 11| 12| 13| 14| 15| 16| 17| 18| 19| 20| 21| 22| 23| 24| 25| 26| 27| 28| 29| 30| 31| 32| 33| 34|
Deuteronomio, capítulo 9
[1]Escucha, Israel, tú vas a cruzar hoy el Jordán para conquistar pueblos más grandes y fuertes que tú, ciudades más grandes y fortificadas que el cielo;[2]un pueblo numeroso y corpulento, los anaquitas, que conoces de oídas, por aquello: ¿Quién resistirá a los hijos de Anac?[3]Así sabrás hoy que el Señor, tu Dios, es quien cruza al frente de ti, como fuego voraz, y los destrozará, y los derrotará ante ti, para que tú los desalojes y destruyas rápidamente, como te prometió el Señor.[4]Cuando el Señor, tu Dios, los expulse ante ti, no digas: Por mi justicia me trajo el Señor a tomar posesión de esta tierra, y por la injusticia de esos pueblos, el Señor los despoja ante mí.[5]Si tú vas a conquistar esas tierras no es por tu justicia y honradez, sino que el Señor, tu Dios, despoja a esos pueblos por su injusticia y para mantener la palabra que juró a tus padres, Abrahán, Isaac y Jacob.[6]Y sabrás que si el Señor, tu Dios, te da en posesión esa tierra buena no es por tu propia justicia, ya que eres un pueblo terco.[7]Recuerda y no olvides que provocaste al Señor, tu Dios, en el desierto; desde el día que saliste de Egipto hasta que llegasteis a este lugar habéis sido rebeldes al Señor;[8]en el Horeb provocasteis al Señor, y el Señor se irritó con vosotros y os quiso destruir.[9]Cuando yo subí al monte a recibir las losas de piedra, las losas de la alianza que concertó el Señor con vosotros, me quedé en el monte cuarenta días y cuarenta noches, sin comer pan ni beber agua.[10]Luego el Señor me entregó las dos losas de piedra, escritas de la mano de Dios; en ellas estaban todos los mandamientos que os dio el Señor en la montaña, desde el fuego, el día de la asamblea.[11]Pasados los cuarenta días y cuarenta noches, me entregó el Señor las dos losas de piedra, las losas de la alianza,[12]y me dijo: Levántate, baja de aquí enseguida, que se ha pervertido tu pueblo, el que tú sacaste de Egipto. Pronto se han apartado del camino que les marcaste, se han fundido un ídolo.[13]El Señor me añadió: He visto que este pueblo es un pueblo terco.[14]Déjame destruirlo y borrar su nombre bajo el cielo; de ti haré un pueblo más fuerte y numeroso que él.[15]Yo me puse a bajar de la montaña, mientras la montaña ardía; llevaba en las manos las dos losas de la alianza.[16]Miré, y era verdad. Habíais pecado contra el Señor, vuestro Dios; os habíais hecho un becerro de fundición. Pronto os apartasteis del camino que el Señor os había marcado.[17]Entonces agarré las losas, las arrojé con las dos manos y las estrellé ante vuestros ojos.[18]Luego me postré ante el Señor cuarenta días y cuarenta noches, como la vez anterior, sin comer pan ni beber agua, pidiendo perdón por el pecado que habíais cometido, haciendo lo que parece mal al Señor, irritándolo,[19]porque tenía miedo de que la ira y la cólera del Señor contra vosotros os destruyese. También aquella vez me escuchó el Señor.[20]Con Aarón se irritó tanto el Señor, que quería destruirlo, y entonces tuve que interceder también por Aarón.[21]Después tomé el pecado que os habíais fabricado, el becerro, y lo quemé, lo machaqué, lo trituré hasta pulverizarlo como ceniza y arrojé la ceniza en el torrente que baja de la montaña.[22]Luego en Taberá, en Masá y en Quibrot Hatavá seguisteis provocando al Señor.[23]Y cuando os envió desde Cades Barne diciéndoos que subierais a conquistar la tierra que os había entregado, os rebelasteis contra la orden del Señor, no le creísteis ni le obedecisteis.[24]Desde que os conozco, habéis sido rebeldes al Señor.[25]Me postré ante el Señor, estuve postrado cuarenta días y cuarenta noches, porque el Señor pensaba destruiros.[26]Oré al Señor, diciendo: Señor mío, no destruyas a tu pueblo, la heredad que redimiste con tu grandeza, que sacaste de Egipto con mano fuerte.[27]Acuérdate de tus siervos Abrahán, Isaac y Jacob, no te fijes en la terquedad de este pueblo, en su crimen y su pecado,[28]no sea que digan en la tierra de donde nos sacaste: El Señor no pudo introducirlos en la tierra que les había prometido, o: Los sacó por odio, para matarlos en el desierto.[29]Son tu pueblo, la heredad que sacaste con tu esfuerzo poderoso y con tu brazo extendido.
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©Jesuitas. Provincia de Castilla. web@pastoralsj.org viernes, 10 de septiembre de 2010