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Dios en
los
otros cercanos. ![]()
Viceversa Mario Benedetti |
Lazos Profundos.
Dios nos enseña algo sobre
las relaciones. Son libres. Son frágiles. Son gratuitas. Son tan
delicadas que a veces traerán conflicto, y a veces traerán
dolor. En esa incertidumbre sobre cómo han de ser nuestras relaciones
está su mayor fuerza y también su mayor misterio. ¿Por
qué a veces nos tocará llorar las pérdidas? ¿Por
qué a veces nos sentiremos tan felices? ¿Por qué
ese incesante alternar entre afectos y soledad, entre canto y silencio?
Porque ése es el material precioso del que está hecha nuestra vida. De la aspiración a encontrar una paz que siempre parece que se nos escapa, un sueño que no termina de materializarse. El sueño de un mundo bueno, de una sociedad que ame, de una vida vibrante. Y es precisamente la disposición a implicarnos, siempre y a fondo, en las necesidades, inquietudes, alegrías y esperanzas de otros lo que hace que nuestra vida pueda ser como un vergel de múltiples colores, ruidos, formas y olores; y ésa es la tierra fértil para los lazos profundos. " Revestíos, pues, como elegidos de Dios, santos y amados, de entrañas de misericordia, de bondad, humildad, mansedumbre, paciencia, soportándoos unos a otros, y perdonándoos mutuamente, si alguno tiene queja contra otro. Como el Señor os perdonó, perdonaos también vosotros. Y por encima de todo esto, revestíos del amor de Dios, que es el broche de la perfección. Y que la paz de Cristo reine en vuestros corazones, pues a ella habéis sido llamados." (Col 3,12-15)
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Pienso en las personas y situaciones que me han hecho llorar. Y pido a Dios que me ayude a perdonar o a pedir perdón, a buscar la reconciliación profunda, al menos en mi corazón. Pido a Dios que me dé confianza en los otros. Que me enseñe a mirar a otros rostros, y ver en cada uno un mundo de posibilidades. |
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| ©Jesuitas. Provincia de Castilla. | web@pastoralsj.org | martes, 06 de enero de 2009 | ||||||||||||||||||||||||