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Página web de pastoral juvenil y universitaria de los jesuitas de la provincia de castilla.
 
 
0. En tiempos difíciles.
1. La fuerza se realiza en la debilidad.
2. Caminar en medio de la tormenta.
La fuerza se realiza en la debilidad.

No es más fuerte quien no llora, o quien no tiembla, o quien no vacila. No es más fuerte quien más grita o quien menos duda. No es más fuerte quien golpea con más contundencia. Es fuerte quien está dispuesto a arriesgarse, aunque en el camino el corazón se le atraviese una y mil veces. Quien se atreve a hablar en tiempos de silencio. A ser tenido por idiota por aventurarse a amar sin medida. Porque quien así vive y actúa no tendrá mucho descanso, pero sí una vida intensa, y apasionante, y apurará la humanidad en sí mismo y en los otros.
   
"Llevamos este tesoro en vasijas de barro para que aparezca que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no de nosotros. Apretados en todo, mas no aplastados; apurados, mas no desesperados; perseguidos, mas no abandonados; derribados, mas no aniquilados. Llevamos siempre en nuestros cuerpos por todas partes la muerte de Jesús, a fin de que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo..." (2 Cor 4, 7-10)

 

  • Le pido a Dios que me enseñe a arriesgarme.
  • Que no me deje refugiarme en terrenos seguros, en espacios cómodos y fáciles.
  • Que me ayude a sonreír cuando la vida me pueda, a cantar aun cuando el corazón solloza, que en mi debilidad me haga fuerte.

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El camino del amor
Cuando te llama el amor, síguele, aunque sus caminos sean ásperos y empinados.
Y cuando sus alas te envuelvan, entrégate, aunque te pueda herir la espada oculta entre sus plumas.
Y, cuando te hable, créele, aunque su voz perturbe tus sueños como arrasan el jardín las ráfagas del viento norte.
Pues, a la vez, el amor te corona y te crucifica.
A la vez, él te hace crecer y te poda.
Y mientras te eleva a las alturas y acaricia tus más tiernas ramas que tiemblan al sol, baja, también, a tus raíces y las sacude para que no se agarren a la tierra.
Te desgrana para sí como a granos de maíz, te trilla hasta dejarte desnudo, te aventa para limpiarte del salvado, te muele hasta la blancura, te amasa hasta dejarte dúctil.
Y luego te manda su fuego sagrado, para que te conviertas en pan sagrado para el sagrado festín de Dios.


Kahlil Gibran

©Jesuitas. Provincia de Castilla. web@pastoralsj.org martes, 02 de diciembre de 2008