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Desfile
de Gigantes
Por David Schweickart.
Imaginemos que cada uno de los 93 millones de
hogares de los Estados Unidos es representado por uno de sus
miembros, cuya estatura es proporcional a la renta del hogar respectivo.
Imaginemos un desfile, que ha de durar exactamente una hora, encabezado
por las personas más bajas (las más pobres) y cerrado
por las personas mas altas (las más ricas). Supongamos
que usted mide 1,80 m. (que tomaremos como estatura media) y que
observa el desfile en el mismo plano que los que desfilan.
Su estatura de 1,80 m. representa una renta anual poco inferior
a 50.000 dólares (de 1989).
El desfile de una hora lo inician personas muy bajas, y la estatura
de los que desfilan va incrementándose progresivamente. Al
cabo de ocho minutos, la persona que pasa delante de usted mide
unos 45 cm. Esa persona (muy probablemente mujer y blanca) no le
llega a usted aún a la altura de su rodilla, pero sí
ha llegado al umbral de la pobreza (12.675 dólares de 1989).
Detrás de ella vienen los representantes de un sector de
hogares del país en los que viven unos 31,5 millones de personas
(el 12,8% de la población).
El desfile continúa, y la estatura de los que desfilan va incrementándose
muy poco a poco. Usted empieza a aburrirse y se distrae... |
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| Pero
incluso estos gigantes son pequeños en comparación
con los colosos que pasan fugazmente durante los últimos
microsegundos del desfile |
Al cabo de media hora, mira usted de nuevo, esperando quizá
que pase por delante de usted alguien de su misma altura, pero,
para su sorpresa, comprueba que el desfile sigue siendo de enanos.
La persona que pasa en el minuto treinta mide sólo 1,12 m.
(La mediana de las rentas por hogar en 1989 fue de 28.900 dólares).
Tendrá usted que esperar a que hayan pasado casi tres
cuartas partes del desfile para que llegue alguien de estatura media
(1,80 m.). Sólo entonces habrá alcanzado la renta
el nivel de 50.000 dólares.
Después de cuarenta y cinco minutos, empieza a pasar gente
más alta con mayor rapidez, aunque al principio el cambio
no es muy llamativo. A los cincuenta y cinco minutos, los que pasan
miden ya 2,74 m. (= 75.000 dólares: la renta del hogar de
una pareja de profesores, por ejemplo). Dos minutos y medio después,
la estatura de los que pasan ha crecido 91 cm. más, con lo
que miden el doble de la estatura media, es decir, 3,60 m.,
que representan una renta de 100.000 dólares.
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De pronto, las cifras empiezan a dispararse: un minuto
más tarde, cuando sólo quedan noventa segundos de desfile,
pasa el presidente de los Estados Unidos, que mide 7,31 m. Y luego, en
los segundos finales, las cifras crecen a un ritmo vertiginoso. Pasan
los que ganan un millón de dólares 36,5 m. (cinco veces
más que la estatura del presidente); a continuación, los
presidentes de grandes empresas, que, según el Bussiness Week,
están en el intervalo de 5-20 millones de dólares. El presidente
de la International Telephone and Telegraph (itt), por ejemplo, con 11
millones de dólares, pasa con sus 402 m., es decir, varios pisos
más que la Torre Sears (que, como sabe todo el mundo en Chicago,
es el edificio más alto del mundo).
Pero incluso estos gigantes son pequeños
en comparación con los colosos que pasan fugazmente durante los últimos
microsegundos del desfile. Los investigadores de Fortune descubrieron sesenta
patrimonios de más de mil millones de dólares en los
Estados Unidos en el año 1990. Si les atribuimos un modesto 5% de
ingresos en relación con su riqueza, ello representa una renta anual
de 50 millones de dólares (y una estatura de más de 1.600
metros). Hasta hace poco, la última persona del desfile habría
sido Sam Walton (el dueño de Wal-Mart), cuya fortuna familiar
se estimaba en 21.100 millones de dólares. Su estatura se habría
elevado hasta la altura de 38.600 metros, es decir, más de cuatro
veces la altura del Everest.
David Schweickart. Más allá del capitalismo.
Sal Terrae. Santander 1997; págs. 285-287. |
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