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Página web de pastoral juvenil y universitaria de los jesuitas de la provincia de castilla.
 
    Al Dios
de la vida.
por Eduardo Infante s.j.

Mientras pongo el despertador para mañana, miro la noche y admito que te me has vuelto a escurrir. Un día más en la bolsa grande de los días resecos y caducados, de los días sin fecha.


Sigo siendo torpe en esto de encontrarte en "la rutina nuestra de cada día" y Tú, en cambio, te me acercas y me vuelves a preguntar una vez más que si me apetece jugar al escondite. Y te pones a confeccionarme todo un día completo para mí, con su mañana y con su tarde, con su desayuno, almuerzo y cena, con sus calles, sus farolas y sus coches, y sobre todo con su gente.

... gente y más gente, tu gente.

     
Siempre eres nuevo pero siempre eres Tú.

Un día rebosante de gentes, gente de toda clase y color, gente que huele a humedad, a rancio, a sabia nueva, a lápices de colores, a humo, a tierra, a calle mojada, a estanco, autobús de barrio… gente y más gente, tu gente.

7 de la mañana, aún no sale a pasear el sol y ya comienzas a esconderte detrás de todos los que pasan a mi lado. Cada nuevo día me sigo preguntando cómo haces para estar tras los ojos de la señora a la que le compro caramelos, del chico que estudia a mi lado en la biblioteca, del gitanillo que está quemando un asiento del autobús, o del niño que se ha tropezado con el cordón de su zapato y llora como un bestia…¿cómo haces para colarte todos los días en las portadas de los periódicos?, ¿cómo haces para pegarme gritos en el silencio de los que más sufren?.
      Las veces que te gano en este juego siempre me sorprendo y es que te veo tan diferente a como te he visto otras veces. Siempre eres nuevo pero siempre eres Tú.

No sé como no has llegado a aburrirte de mí. Te pasas toda la noche construyéndome el día, y a la mañana soy incapaz de ver una sola de las huellas que dejas. No sé como me tienes tanta paciencia, no sé como sigues queriendo jugar conmigo. Me siento como este niño que juega con su padre en el parque y patoso como nadie tira una y otra vez la pelota al otro lado del campo, y el padre corre a por ella y la pone de nuevo en su sitio y le dice: "¡inténtalo otra vez!".

Enséñame a buscar tus palabras en las calles como han hecho otros. Regálame la gracia de ver a todos los hombres desde tu ojos y a amar tus cosas, tus quereres, tus sueños y tus deseos como otros los han amado. Y no me dejes caer en al tentación de construirme la vida por mi cuenta, al margen de ti y al margen de mis hermanos.

Te pasas toda la noche construyéndome el día, y a la mañana soy incapaz de ver una sola de las huellas que dejas.
   
©Jesuitas. Provincia de Castilla. web@pastoralsj.org martes, 02 de diciembre de 2008