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0. Hambre
1. Hambre de Pan
2. Hambre de Amor
3. Hambre de Dios



   

Hambre de Amor

Hay gente muy sola. Gente mayor que se siente abandonada. Gente pequeña que se siente incomprendida. Gente joven que no encuentra su lugar en el mundo. Gente adulta que se pregunta para qué trabaja. Un hambre distinta recorre nuestro mundo, allá donde la necesidad primera del alimento puede estar ya colmada: hambre de sentido; hambre de un ideal; hambre de algo en lo que creer y por lo que merezca la pena dar la vida; hambre de relaciones profundas. Tal vez, en el fondo, hambre del Amor con mayúscula, el que supone reto y tarea. El que supone risa y llanto. El que dura, y crece y cambia. El amor que dice: amigo, hermano, pareja, comunidad, mundo.

"Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros. Que, como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros. En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os tenéis amor los unos a los otros." (Jn 13, 34-35)


Pídele a Dios que te enseñe a amar. Y especialmente a amar sin esperar nada a cambio, pues ese es el modo en que Jesús nos ha amado.
Pídele a Dios que te enseñe a amar. Y especialmente a amar sin medida, siempre más, siempre confiando, siempre creyendo en los otros, pues ese es el modo en que Jesús nos ha amado.
Pídele a Dios que te enseñe a amar. Y especialmente a amar con riesgo, con el riesgo de implicarte, de sufrir si es necesario, pues ese es el modo en que Jesús nos ha amado.
Pídele a Dios que te enseñe a amar. Y especialmente a amar a los más abandonados. A quienes no tienen una mano que les acaricie, una palabra que les consuele, un gesto que les alivie, una sonrisa que les alegre, una persona que les recuerde su dignidad profunda; pues ese es el modo en que Jesús nos ha amado.

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    LA POBRE
Soy tan pobre tan pobre,
que no tengo ni madre.
Soy tan pobre tan pobre,
que no tengo ni nadie.

Que no tengo ni abrigo
que llevarme a los hombros.
No tengo ni belleza
que llevarme a los hombres.

Soy tan pobre tan pobre,
que no tengo ni labios
que llevarme a la boca.

¿Tenéis una mirada de ternura? ¿Os sobra algo de vino en la copa?
¡Un poquito de pez,
que tengo hambre..!

Aunque sólo sea una mirada, soy tan pobre, tan pobre, que no tengo una sábana blanca... pero si no la tengo no te vayas.

No tengo un hombro donde llorar a gusto.
No tengo un hombre donde zurcir palabras.

Unas manos, por caridad,
para las mías largas,
que tengo a mi corazón enfermo y no tengo que darle una cucharada
(Gloria Fuertes)

 
©Jesuitas. Provincia de Castilla. web@pastoralsj.org martes, 06 de enero de 2009