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Esta
semana no voy a hablar de sentimientos, ni ideas, ni deseos, si eso es posible.
Esta semana no voy a hablar de fracaso, ni de éxito. Esta semana
sólo voy a ser consciente de que las palabras solas no bastan, de
que para construir hacen falta manos, manos que toquen, que rocen, que acaricien.
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Manos que perciban la realidad, que sangren
o descansen, que agarren el timón de una y mil naves que están
en marcha, o que se endurezcan en los remos.
Manos que sujeten a quien cae, que detengan a quien abusa, que acompañen
a quien se agota. Hacen falta manos que perciban lo duro y lo suave, lo
frío y lo caliente, lo denso y lo ligero. Manos que hablen. |
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