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| Llevado de la mano. por Eduardo Infante s.j. Mi Dios me tiene en la misma forma que un recién nacido agarra por primera vez las manos de su padre y desde sus manos comienza a palpar el mundo de forma diferente.
Tú has entrado en mi cuarto muchas veces, y te has puesto a ordenar todos mis papeles, a limpiar cada unos de mis libros y siempre has terminado sacándome fuera, a disfrutar de lo que quedaba de tarde. Recuerdo con ternura las veces que me invitaste a tomar café y me preguntaste " ¿qué tal va todo?, cuéntame, no sabes las ganas que tengo de saber de ti ¿qué tal tus sueños, tus anhelos, tus deseos más profundos?... ¿quieres que te cuente los míos?". Espero impaciente a que vuelvas de nuevo. |
Me recuerdo a las palomas que
aguardan revoloteando a que se deshielen las fuentes del parque para poder
beber. |
Enséñame a escuchar los deseos y anhelos de los tuyos, enséñame a compartir los míos con ellos, enséñame a visitar sus casas como tú lo haces, a invitarles a disfrutar de lo que nos queda de tarde. Concédeme dolerme y desvelarme como Tú te dueles y desvelas y déjame compartir tus sueños, soñar el mundo como tal y como Tú lo sueñas, amas y deseas. |
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| ©Jesuitas. Provincia de Castilla. | web@pastoralsj.org | martes, 02 de diciembre de 2008 | ||||||||||||||||||||||||