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    Llevado de la mano.
por Eduardo Infante s.j.

Mi Dios me tiene en la misma forma que un recién nacido agarra por primera vez las manos de su padre y desde sus manos comienza a palpar el mundo de forma diferente.

Tú me sostienes Señor. Has cargado conmigo cada segundo de esta historia que construimos mano a mano.
Tú me sostienes Señor, así ha sido siempre, desde el primer fogonazo de vida hasta esta luz tenue que acarician hoy mis ojos. Me has llevado en brazos mucho tiempo, has cargado conmigo cada segundo de esta historia que construimos mano a mano.

Tú has entrado en mi cuarto muchas veces, y te has puesto a ordenar todos mis papeles, a limpiar cada unos de mis libros y siempre has terminado sacándome fuera, a disfrutar de lo que quedaba de tarde. Recuerdo con ternura las veces que me invitaste a tomar café y me preguntaste "…¿qué tal va todo?, cuéntame, no sabes las ganas que tengo de saber de ti ¿qué tal tus sueños, tus anhelos, tus deseos más profundos?... ¿quieres que te cuente los míos?". Espero impaciente a que vuelvas de nuevo.
     

Me recuerdo a las palomas que aguardan revoloteando a que se deshielen las fuentes del parque para poder beber.

Tú me has llevado tantas veces de la mano y son tantas las veces que me has agarrado cuando junto al camino he dicho no puedo más y aquí me quedo. Tantas mañanas que has venido a despertarme rumiándome al oído "venga perezoso, que la vida esta ahí fuera esperándote" que hoy necesito pedirte que me ayudes a despertar a otros.

Ayúdame Señor, a sostener a otros, a los tuyos, a tus hijos más pequeños, a los que se duelen de tanto dolor, a los que se cansan de tanto sufrimiento, a aquellos por los que se te va el alma, a aquellos por los que Tú te dueles y lloras, a aquellos que cada noche te desvelan el sueño.

Enséñame Señor a sostener, a asir, a agarrar con fuerza, a sujetar, a aferrar, a llevar a las espaldas, a arrimar el hombro, a tender la mano.

     
Tantas mañanas que has venido a despertarme rumiándome al oído "venga perezoso, que la vida esta ahí fuera esperándote"...

Enséñame a escuchar los deseos y anhelos de los tuyos, enséñame a compartir los míos con ellos, enséñame a visitar sus casas como tú lo haces, a invitarles a disfrutar de lo que nos queda de tarde.
Concédeme dolerme y desvelarme como Tú te dueles y desvelas y déjame compartir tus sueños, soñar el mundo como tal y como Tú lo sueñas, amas y deseas.
   
©Jesuitas. Provincia de Castilla. web@pastoralsj.org martes, 02 de diciembre de 2008