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Siete formas de hacer penitencia alternativa.
Por JM R. Olaizola s.j.
Vaya por delante que no estoy muy seguro de que esto de la penitencia se entienda bien (ni yo mismo). Lo que no es está más claro: no es una acumulación de faenas y masoquismos varios para recordarme lo mala persona que soy. No es tampoco un castigo autoinfligido para aplacar a un Dios sediento de remordimientos. No es, por último, una sobrecarga por el lado de las cosas que me fastidian para compensar por todas las cosas que me gustan.

Propongo una forma de entender la penitencia que se aleja de esas concepciones culpabilizadoras. Penitencia son pequeñas cosas que me sirven para ser consciente de que siempre puedo mejorar. No para ser perfecto (a los perfectos habría que encerrarlos a todos en un arcón y tirarlos al mar, para que no nos carguen con su perfección a todos los que nos sabemos limitados). No para acumular méritos en la "contabilidad" de Dios (a ese Dios contable, que mide la vida en tablas de méritos y pecados y que sólo busca un balance positivo metámoslo en otro arcón y que acompañe al anterior, que así nos sale más barato el viaje). ¿Entonces para qué? Para ser más humanos. Porque somos capaces de mucho más de lo que creemos. Somos capaces de hacer grandes gestos. El ser humano es capaz de verdaderas barbaridades, sí, pero también de hechos sublimes, de acciones increíblemente hermosas y profundas. Estamos llamados a vivir siempre en una suerte de lucha, entre nuestros mejores deseos de ser plenamente humanos por un lado, y frente a ellos las tendencias que nos alejan de esa posibilidad: egoísmos, dudas, miedo, aislamiento…


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enitencia es hacer, de una manera más consciente, algunos gestos que nos recuerden esa lucha y las posibilidades que siempre tenemos. Por tanto, son acciones que se enfrentan a esas tendencias más destructivas, y al tiempo acciones que suponen, de alguna manera, construir el mundo bueno, el mundo mejor que soñamos. Por lo tanto, propongo para la Cuaresma que comienza algunas posibilidades de penitencias alternativas (Advertencia: no pienso hacer ninguna alusión a comer o no comer carne, por si alguien busca aclaraciones en ese punto).

Nota previa: cada quién tenemos que encontrar dónde nos merece la pena luchar, y dónde están nuestras propias batallas. Dicho esto, allá vamos.

  Si tienes tiempo y ganas, aquí tienes más colaboraciones de las anteriores semanas:

Dios sólo puede Amar (segunda parte)
Dios sólo puede Amar.
Razones contra la guerra
Tiempo de Exámenes
Llevado de la mano
Buscando al Dios de la vida
Humor Navideño
   

1 Me abstendré de criticar. Aunque es muy sano y a veces relajante, tal vez haré el (terrible) esfuerzo de morderme la lengua cuando vaya a rajar contra alguien. Incluso, en positivo, tal vez podría encontrar formas válidas de comunicarme con los objetos de mi crítica (generalmente personas, y por tanto con capacidad de comprenderme, responderme y a veces corregirme), para tratar de construir.

2 No me voy a quejar. Sí, sí, ya sé que la vida está muy complicada. Que los horarios son agobiantes. Que el mundo conspira contra mí. Pero, pese a todo, no me voy a quejar. Incluso intentaré recordar todas las cosas en mi vida en las que soy una persona privilegiada. Y, en vez de queja, gratitud.

3 Hablaré. ¡Vaya, esto sí que es bueno! Como si a diario no hablase. Me explico. Hay muchas conversaciones "pendientes" en nuestra vida, para las que nunca encontramos el momento: con familiares cercanos, con amigos, con conocidos… Conversaciones que dan pereza, que a veces parecen difíciles, o arriesgadas, o comprometedoras, y uno oscila siempre entre el deseo de hablar y la comodidad del silencio. En esta cuaresma intentaré al menos mantener una buena conversación.

4 Buscaré algún rato más tranquilo de oración. Claro, cualquiera puede protestar. ¿Cómo va a ser la oración una penitencia? ¿Dónde queda entonces la gratuidad, o la libertad? ¿Es una obligación? No. Lo que pasa es que en mi vida muchas veces lo urgente se come a lo importante, y aunque quiero rezar se me van los días sin hacer huecos. Además, ya he dicho que la penitencia no es algo que me fastidia, sino algo que me ayuda.

5Escribiré esa carta que tengo pendiente. Me da pereza, pero sé que alguien la espera. Y a veces es bueno recordarle a la gente que son importantes.



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Durante la cuaresma, política de austeridad. Y no es por andar mal de fondos, ni por ahorrar ahora para gastarlo todo de golpe en pascua. Tampoco se trata de no gastar ni un duro (uy, euro) extra. Pero sí de hacerme más consciente de en qué y cómo gasto. De lo afortunado que soy de tener siempre dinero en la cartera. Para valorar lo que tengo, visto, leo, como, disfruto, salgo…

7 Cuando lea el periódico cada mañana, intentaré pensar por un minuto en la realidad que está detrás de alguna de las tragedias que me resultan más lejanas. Hambre, guerra, embargos, chapapotes, ruina, terremotos, conflictos… De nuevo, no se trata de martirizarme o de hacer poesía con el sufrimiento ajeno. Tal vez es el intento de entender mi mundo como un todo del que soy parte, y sentir cierta unión, cierta conexión con todos esos otros desconocidos, que reavive en mí la consciencia de cuántos pasos son necesarios.

Y, con todo esto, que la CUARESMA sea un tiempo de seguir luchando para que el Dios de la vida se haga fuerte en mi debilidad.
   
 
©Jesuitas. Provincia de Castilla. web@pastoralsj.org martes, 02 de diciembre de 2008