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1 Me abstendré de criticar.
Aunque es muy sano y a veces relajante, tal vez haré
el (terrible) esfuerzo de morderme la lengua cuando vaya a rajar
contra alguien. Incluso, en positivo, tal vez podría encontrar
formas válidas de comunicarme con los objetos de mi crítica
(generalmente personas, y por tanto con capacidad de comprenderme,
responderme y a veces corregirme), para tratar de construir.
2 No me voy a quejar. Sí,
sí, ya sé que la vida está muy complicada.
Que los horarios son agobiantes. Que el mundo conspira contra mí.
Pero, pese a todo, no me voy a quejar. Incluso intentaré
recordar todas las cosas en mi vida en las que soy una persona privilegiada.
Y, en vez de queja, gratitud.
3 Hablaré. ¡Vaya,
esto sí que es bueno! Como si a diario no hablase. Me explico.
Hay muchas conversaciones "pendientes" en nuestra vida,
para las que nunca encontramos el momento: con familiares cercanos,
con amigos, con conocidos
Conversaciones que dan pereza, que
a veces parecen difíciles, o arriesgadas, o comprometedoras,
y uno oscila siempre entre el deseo de hablar y la comodidad del
silencio. En esta cuaresma intentaré al menos mantener una
buena conversación.
4 Buscaré algún rato
más tranquilo de oración. Claro, cualquiera puede
protestar. ¿Cómo va a ser la oración una penitencia?
¿Dónde queda entonces la gratuidad, o la libertad?
¿Es una obligación? No. Lo que pasa es que en mi vida
muchas veces lo urgente se come a lo importante, y aunque quiero
rezar se me van los días sin hacer huecos. Además,
ya he dicho que la penitencia no es algo que me fastidia, sino algo
que me ayuda.
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5Escribiré esa carta que tengo
pendiente. Me da pereza, pero sé que alguien la espera.
Y a veces es bueno recordarle a la gente que son importantes.

6 Durante la cuaresma, política de austeridad.
Y no es por andar mal de fondos, ni por ahorrar ahora para gastarlo
todo de golpe en pascua. Tampoco se trata de no gastar ni un duro
(uy, euro) extra. Pero sí de hacerme más consciente
de en qué y cómo gasto. De lo afortunado que soy de
tener siempre dinero en la cartera. Para valorar lo que tengo, visto,
leo, como, disfruto, salgo
7 Cuando lea el periódico cada
mañana, intentaré pensar por un minuto en la realidad
que está detrás de alguna de las tragedias que
me resultan más lejanas. Hambre, guerra, embargos, chapapotes,
ruina, terremotos, conflictos
De nuevo, no se trata de martirizarme
o de hacer poesía con el sufrimiento ajeno. Tal vez es el
intento de entender mi mundo como un todo del que soy parte, y sentir
cierta unión, cierta conexión con todos esos otros
desconocidos, que reavive en mí la consciencia de cuántos
pasos son necesarios.
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