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Sueños y Pesadillas.
Algunas rápidas reflexiones
desde Estados Unidos.

Por Ignacio Boné s.j.

Escribo esto el 20 de Marzo. Acaba de comenzar la guerra. Escribo desde la tristeza. Escribo desde el horror y la vergüenza, compartida con tantos amigos y compañeros estadounidenses, ante la postura de nuestros gobernantes. Escribo desde el cariño al lado positivo de este país que me ha acogido tan generosamente. Esto es fruto de lo compartido aquí estos días con tanta gente buena y creyente en mi comunidad jesuita, en la parroquia hispana, en la unión ecuménica de escuelas de teología, y tantos otros lugares. Más que una reflexión es una búsqueda de luz y esperanza en el único lugar dónde podemos encontrarla. Aquí seguimos rezando, protestando y creyendo aunque ahora no veamos.

"Ahí viene el de los sueños. Vamos a matarlo y echarlo en un pozo... veremos en qué paran sus sueños."(Gen 37, 20)

Estas palabras de los hermanos de José, han sido dichas ayer sobre cada uno de nosotros, soñadores de paz y justicia. No somos los primeros. Fueron dichas sobre otros soñadores como Martin Luther King. Fueron dichas sobre el que hizo presente el sueño de Dios entre nosotros: Jesús de Nazaret.
    Pero hoy, cuando las bombas caen sobre Bagdad, cuando en nuestra vista sólo aparece el fracaso, la frustración y la desesperanza, recibimos una fuerte invitación a caminar en la fe.

El sueño de Dios no es destruido cuando matan a los soñadores como Martin Luther King; el sueño de Dios no es asesinado en la cruz de Jesús.

Por la fe sabemos que el sueño de Dios no puede ser encerrado en un pozo como José; el sueño de Dios no es destruido cuando matan a los soñadores como Martin Luther King; el sueño de Dios no es asesinado en la cruz de Jesús. La cruz, aparentemente fracaso, es la definitiva presencia de Dios entre nosotros; Dios plenamente identificado con todas las víctimas inocentes en las Torres Gemelas, en Afganistán y en Irak. En la cruz de Jesús, Dios está presente volviendo a frustrar los planes de los que quieren matar nuestros sueños. La cruz es el único lugar al que podemos mirar hoy, para descubrir allí la redención de nuestros mejores sueños y para combatir, en sus raíces, esta pesadilla que estamos viviendo.


Es un buen tiempo para recordar e impulsar los mejores sueños de este país. El verdadero "sueño americano" no es esta pesadilla. El verdadero sueño, nuestro sueño hoy, es el que tan preciosamente proclamó Martin Luther King:

   

Yo os digo hoy, que a pesar de las dificultades y frustraciones de este momento, todavía tengo un sueño. Es un sueño profundamente enraizado en el sueño americano.
Tengo un sueño, que un día esta nación se despertará y vivirá el verdadero sentido de su credo: "Creemos como evidente que todos los seres humanos son creados iguales."
Hoy, tengo un sueño.
Tengo un sueño, que un día todos los valles serán elevados, todos los montes y colinas descenderán, lo torcido será enderezado y lo escabroso se igualará, y todos verán la salvación y la gloria de Dios.
Esta es nuestra esperanza. Esta es nuestra fe... Con esta fe podremos sacar de esta montaña de desconsuelo una piedra de esperanza. Con esta fe seremos capaces de transformar estas ruidosas discordias... en una preciosa sinfonía de fraternidad. Con esta fe seremos capaces de trabajar juntos, rezar juntos, luchar juntos... para mantenernos firmes juntos por la libertad, sabiendo que un día seremos libres.

En esta esperanza y este sueño creemos. Esta es también nuestra fe. Desde aquí, desde la tristeza y el horror, no podemos más que mirar al crucificado: el centro de nuestra fe, la raíz de nuestra esperanza, el redentor de nuestros sueños. Nuestra oración hoy mira a Jesús en su cruz y canta: We walk by faith, and not by sight... Es una de las canciones preferidas aquí en las comunidades afroamericanas. Hoy mismo, fue el centro de nuestra oración: caminamos en la fe, aunque ahora no veamos. Sabemos que no pueden matar nuestros sueños.

 
©Jesuitas. Provincia de Castilla. web@pastoralsj.org martes, 02 de diciembre de 2008