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es salir del camino y percibir la creación que nos envuelve;
es mirar nuestras manos y descubrirlas como las manos creadoras
de Dios; es perderse en la noche, como Jesús, después
de un día de fatigas y descansar en el Padre; es percibir
que cada día tiene su novedad, su nueva posibilidad; es descubrir
a Dios mismo al borde del camino, como llamada a la solidaridad.
Contemplar, en fin, es caer en la cuenta de que no somos nosotros
los que amamos a Dios, sino que él nos ama desde siempre.
"Lo más importante no es que yo te busque, sino que
tú me buscas en todos los caminos (Gn 3,9); lo más
importante no es que yo te llame por tu nombre, sino que tú
tienes el mío tatuado en la palma de tus manos (Is 49,16);
lo más importante no es que yo te grite cuando no tengo ni
palabra, sino que tú gimes en mí con tu grito (Rom
8,26);lo más importante no es que yo tenga proyectos para
ti, sino que tú me invitas a caminar contigo hacia el futuro
(Mc 1,17); lo más importante no es que yo te comprenda, sino
que tú me comprendes en mi último secreto (1 Cor 13,12);
lo más importante no es que yo hable de ti con sabiduría,
sino que tú vives en mí y te expresas a tu manera
(2 cor 4,10); lo más importante no es que yo te guarde en
mi caja de seguridad, sino que yo soy una esponja en el fondo de
tu océano (EE. 335); lo más importante no es que yo
te ame con todo mi corazón y todas mis fuerzas, sino que
tú me amas con todo tu corazón y todas tus fuerzas
(Jn 13,1); lo más importante no es que yo trate de animarme,
de planificar, sino que tu fuego arde dentro de mis huesos (Jer
20,9). Porque, ¿cómo podría yo buscarte, llamarte,
amarte... si tú no me buscas, llamas y amas primero? El silencio
agradecido es mi última palabra, y mi mejor manera de encontrarte"(pág.
101).
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