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En Gracias, su Diario latinoamericano, escribió: "mirando
las ajetreadas calles de Lima, sentí la emoción del
regreso al hogar, éste es el lugar al que pertenezco".
Henri horadaba la superficie de las cosas porque casi todo le remitía
al misterio. De ahí que el arte, que tantas veces ha sido
expresión de la búsqueda interior, le sirviera para
hablar de espiritualidad. No es una casualidad que la portada de
este libro se ilustre con la imagen de una hermosa y violenta pintura
de Vincent Van Gogh, holandés como Henri Nouwen. Les unía
una misma herida: el éxtasis de la luz y la agonía
de las sombras, los atisbos del más allá y las experiencias
del dolor y la desesperación: "El Dios de Van Gogh,
tan real, tan directo, tan visible en la naturaleza y en las personas,
tan intensamente compasivo, tan débil y vulnerable y tan
radicalmente amante, era un Dios del que todos queríamos
estar cerca", decía a sus alumnos.
Los últimos pasos de la vida de Henri Nouwen también
estuvieron unidos al arte, pues murió cuando se dirigía
al Museo del Hermitage, en San Petersburgo, Rusia, para filmar un
documental sobre uno de los cuadros más famosos de aquella
pinacoteca: El regreso del hijo pródigo, de Rembrandt. Su
tumba está enmarcada por unos girasoles.
Henri Nouwen, el profeta herido es la primera biografía
de Michael Ford, periodista inglés que trabaja en la BBC
británica.
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