Reír otra vez Dos niños juegan, ríen y se divierten.
De pronto, sin más, uno se enfada, “¡has hecho trampas!”. Pierde la sonrisa, frunce el ceño y se sienta; y toda la realidad del juego, todo ese mundo creado a base de ilusión, de sueño, de un poco de magia y de imaginación, se desvanece. Hay una puerta cerrada al perdón, pero otra permanece abierta. Y es que, tanto el que pide perdón, como el que lo niega, están deseando volver a jugar y a soñar. Ojalá fuera tan fácil reír otra vez. |