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Historia de dos pueblos
Por Amaya Martín
Esta es la historia de dos pueblos en el norte del Líbano, dos pueblos vecinos separados por un pequeño valle. El uno es casi la imagen especular del otro, estando ambos en las faldas de dos montañas enfrentadas geográficamente. Comparten casi todo, desde el terreno a las preocupaciones. Cuando hay sequía, los dos la sufren, cuando las carreteras están cortadas por la nieve o por la guerra, a ningún habitante de ninguno de los dos pueblos le resulta fácil salir. Estos dos pueblos lo comparten casi todo, y digo “casi” porque hay algo que no comparten: la religión. Los habitantes de uno de los pueblos son cristianos maronitas y los del otro pueblo son musulmanes chiíes.
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Hace algo más de ocho años falleció un hombre en el poblado maronita. Hanna, que así se llamaba, era, ante todo, un buen hombre. Había sido ingeniero civil y era de los que son capaces de ver un puntito de luz en un mar de oscuridad. Había perdido a dos hijos y dos de sus otros cuatro hijos estaban enfermos, pero tanto él como su familia jamás dejaron de tener confianza en el futuro. Sus últimos años los pasó tendido en la cama porque, por cierta enfermedad, tenía las dos piernas amputadas.
| | | | |  | | Los niveles del diálogo interreligioso son muchos... | Hanna había ayudado a mucha gente, sin distinción de credo o ideología política. Su funeral se realizó en la iglesia del pueblo y por allí pasaron amigos, familiares, conocidos y agradecidos. | | | |
En la tristeza del momento, la cortina de lágrimas apenas permitía distinguir las facciones de los muchos que acudieron a dar el pésame a la familia. Formaban una especie de corriente homogénea de apoyo y cariño y, entre ellos, sólo pude distinguir a un grupo de mujeres con velo y vestidas de luto riguroso. Eran mujeres del pueblo vecino, a quienes Hanna había ayudado. Allí, con su presencia, como todos los demás, demostraban su pesar por el fallecimiento y su apoyo a la familia. Hace casi seis años el pueblo chií fue bombardeado. El pueblo está en el norte del Líbano y nada tenía que ver con los incidentes que se estaban desarrollando en el sur del país. Fue bombardeado simplemente porque sus habitantes eran musulmanes chiíes. Entre los primeros que acudieron a ayudar a apagar el incendio producido por las bombas estaban los habitantes del pueblo vecino, cristianos. Los niveles del diálogo interreligioso son muchos y, muchas veces, los que no quedan reflejados en papel o en capítulo de libro son los más efectivos. Los habitantes de estos dos pueblos se respetan y se ayudan. A nadie molesta la llamada a la oración islámica o el sonido de las campanas de la iglesia. Comparten su vida y, respetándose, dialogan.
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